miércoles, 1 de abril de 2009

Santa Semana: "El pograma"


En la adolescencia empezaste a salir solo a ver pasos, sin familiares que te guiaban y sostenían de la mano en momentos de bulla. El rito se convirtió en iniciático, proceso de lenta maduración, aunque seguías sumergiéndote en la fiesta con la alegría infantil del descubrimiento. Empezaste a buscar otras manos que, ay, muchas veces te fueron esquivas. Para orientarte un papel mal cortado del periódico, breve información sobre las cofradías, algunos datos de cultura cofrade, pequeño erudito de conocimientos prescindibles. Hasta que comprendiste que en Semana Santa el rodeo era el atajo, te costaba llegar al punto deseado. Todavía recuerdas cómo se te cayó aquel helado a los pies del municipal a quien le preguntabas el camino para llegar a una calle y a una iglesia; o cuando ibas cortando del papel las cofradías ya vistas y te diste cuenta que, con ellas, se habían ido las horas del itinerario. Primeras torpezas que, sin embargo, te curtieron en el deambular cofrade. Fue objeto de estudio que te servía para trazar las rutas posibles en ese plano que se desplegaba ante tu imaginación. La ciudad y sus rincones apenas transitados salvo esa breve semana. Después, con los años, el "pograma" fue un acompañante, que te reafirmaba en esquinas y momentos "sublimes", para el disfrute de la imaginación y los sentidos. Te habías hecho más selectivo, sin ese afán abarcador de cofradías e imágenes, de tus años juveniles. El programa envejecía con la semana, con esa aceleración temporal que implicaban los días grandes; esa vida en siete días que dijo el poeta, hasta convertirse en un breve cuadernillo arrugado que guardabas en el bolsillo y que después depositabas en un cajón. Como si en ese almacén pudieras condensar recuerdos y sensaciones. Hoy es un asidero que te confirma que, aunque todo cambie, permanece en tu memoria, trazado en unas letras que se imprimen en tu recuerdos, brújula intangible para confirmar el rumbo que guía tus pasos. Una semana, donde puedes, si el tiempo no lo impide, programar la vida y adaptar la ciudad, hacerla asequible en un breve paréntesis, donde el dolor se convierte en gozo y la resurrección en un poco de muerte.

4 comentarios:

  1. ¿Y qué cara puso el municipal? Creo que la última frase define muy bien la Semana Santa.

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  2. Cara de decirme desde sus adentros, "niñato" o "pringao". Lo peor es que el helado, de crocanti al ron, que todavía me acuerdo, se me cayó casi entero.

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  3. Fascinante entrada, de las que envuelven con dulzura. Maravilloso final, sí señor. El detalle de los "días grandes" es muy sevillano. Hay varios días al año que quedan perfectamente definidos así: día grande. Y si alguien necesita mayores explicaciones, se siente, que cada palo aguante su vela.

    Un abrazo.

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  4. Recuerdos y recuerdos fascinantes, que me encantarían que mis hijos vivieran.

    Ellos a su manera no entienden muchas de las cosas que vivimos.

    Pero no pierdo la esperanza.

    Los acepto y respeto como son, aunque de vez en cuando me pregunto, "¿porqué cambian tanto los tiempos?".

    Un abrazo.

    Te felicito por la entrada.

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