Fuego en las calles, noches de cristales rotos. ¿De dónde salen esas hordas que queman, golpean y destruyen? La flemática Inglaterra ya no toma el té de las cinco, sino que tiembla asaeteada por epilépticos ahogados en Red Bull. Una fuerza devastadora irrumpe en la tienda de electrónica y arrambla con portátiles y plasmas. El furor organizado por las redes sociales una vez más, proclaman quienes se enredan con los teclados, interrogándose sobre quién maneja los hilos; pero en esta ocasión la conexión es inalámbrica. El apocalipsis va a llegarrrr, balbuceaban los arrabales ebrios desde la city. Sesudos analistas buscan una explicación que le dé forma al caos. Estallido social para cambiar el ipod y la blackberry. La humanidad siempre tentada por un apple que nos traslada al paraíso artificial, donde la mayor expulsión sería quedarte sin saldo o cobertura. ¿Estallan en pedazos los escaparates de las librerías? Emoticonos furiosos que fomentan la ira, que la crisis no puede reciclar, porque los contenedores están llenos y el servicio de recogida bajo mínimos. Con una mano tecleando y con el mazo destrozando. Hooligans de trofeo de estío, que pugnan por hacerse con la mejor cabellera, aunque las crestas punkies sean anacronismo de souvenir. El magnetismo del hastío de las rebajas sociales y educativas que atrae a los polos industriales. Si la única pedagogía que aumenta el presupuesto es la del consumo, consumemos el pillaje, que no podemos quedarnos rezagados para septiembre. God save de Queen; ella sí que sabe. Mi reino por salir en youtube. El movimiento se demuestra quemando. A cientos de millas, un adolescente que huyó desde Somalia, contempla las imágenes del primer mundo en un polvoriento televisor de un campamento de refugiados y murmura: Vaya, ya no somos trending topic en Twitter.
martes, 9 de agosto de 2011
jueves, 4 de agosto de 2011
Paseos

O nos fustigamos con las trompetas del apocalipsis de la realidad noticiada o nos alienamos con un desfile de imbéciles que procesionan por el caos catódico, donde impera lo cutre, zafio y obsceno. Puede haber salvación sin necesidad de rescate financiero facineroso, sin embarcarnos en el crucero mágico que atraca, en toda la dimensión de la palabra, en ningún puerto. Más barato, más sencillo. ¿Por qué no abandonarse llevado por las calles que zigzaguean por un camino de belleza serena? Está ahí, justo delante de ti. Solamente te exige una mirada despojada de cinismo, caminar por la sombra que aún se impone por la mañana temprano, huir del trasiego acelerado del consumo de rebajas, trazar un itinerario que te conduzca sin propósito: una revuelta, un descubrimiento; un rodeo, un atajo para el reencuentro. Evita las calles muy transitadas. Por supuesto, huye de la cacofonía del claxon que recupera su imperio. Encuentra, sin propósito de búsqueda, rincones que todavía te sorprenden con un detalle nuevo, sólo con enfocar desde un ángulo diferente: un trozo de muro, un azulejo, un balcón que no habías descubierto, aquel tejaroz que venció a la reforma de las líneas puras. Utiliza tu photoshop interno para eliminar la adherencia antiestética: el nuevo edificio que corroyó la manzana; aquel metal oxidado que envenena una esquina. De vez en cuando, mira el pavimento, que por desgracia debes sortear toda el espectro del marrón que salpica las calles. Pero evitemos el fatalismo de la suela embadurnada, quizás hasta pueda parecer un entrañable localismo. Peaje necesario para trasladarnos al olor auténtico del tipismo rancio. Cuando los ecos de alarma que se alimenta del miedo más parecen hundirnos, mantén la mirada en alto y recrea un paisaje que no necesita de entidades crediticias para seguir prestándote un momento de emoción, sosiego y belleza.
martes, 2 de agosto de 2011
Voracidad
Una boca gigantesca que todo lo engulle; que de tragar sabe lo suyo. Mientras, los informativos en la sobremesa nos ofrecen imágenes que creíamos olvidadas, porque lo que no se emite no existe y aquí, durante mucho tiempo, solo existía la perenne. ¿Me entiendes? Pero esas son demasiadas almas que alimentar y, por mucho que nos hagan torcer la mirada, dejando en suspenso la cuchara, cuando se nos ofrece un cuadro de barrigas hinchadas y ojos desesperados, la única boca que sigue masticando es la que deglute países, insaciable, en un pantagruélico festín que no parará, aunque quien alimenta al monstruo pensaba que este iba a quedar ahíto. Qué va: la rueda no se detiene. Que al monstruo no le importa el cierre del Bulli, si sigue abierto Mc Donalds.
Como una letanía tétrica se desgrana cada mañana la salmodia del lenguaje oscuro, sólo para iniciados, que pregonan la inevitabilidad de la imbecilidad. Como en un sacrificio colectivo nos ofrecemos todos, óbolos, para entregarnos a ti. La recaudación la recogen beatos entregados a tu causa, tipos de cartera y corbata, que leen las entrañas aún humeantes. ¿Y si los hermeneutas malinterpretaron tus señales? ¿Y si Cronos no se aplaca con devorar a sus hijos? Aplaza nuestra deuda, Señor, perdónanos, Mercado, perdónanos. Al menos cuando eras Mercurio te esculpía Praxíteles; hoy, pareces un cuadro naïf, aunque sobradamente cruel, pintado por la Chunga.
Ay, quién maneja mi banca, quién, que a la deriva me lleva, quién. La atracción del abismo, el magnetismo del precipicio, que nos lleva a poner todo nuestro empeño en despeñarnos. Fichas que arrastran unas a otras hasta que quede la banca doble y la triple A. Dominó de beneficios ficticios de especuladores sin oficio. Camarero, traiga el cubo, que este rescate me ha salido algo indigesto. Son eslabones de una cadena sin fin, para tirar de ella y hacer desaparecer tanta mierda, que no se puede aprovechar como abono, porque no fertiliza.
Diferenciales, agencias de calificación crediticia, primas de riesgos, rating... Como un banco más, leemos, escuchamos, ponemos cara de circunstancias... y no damos crédito.
Como una letanía tétrica se desgrana cada mañana la salmodia del lenguaje oscuro, sólo para iniciados, que pregonan la inevitabilidad de la imbecilidad. Como en un sacrificio colectivo nos ofrecemos todos, óbolos, para entregarnos a ti. La recaudación la recogen beatos entregados a tu causa, tipos de cartera y corbata, que leen las entrañas aún humeantes. ¿Y si los hermeneutas malinterpretaron tus señales? ¿Y si Cronos no se aplaca con devorar a sus hijos? Aplaza nuestra deuda, Señor, perdónanos, Mercado, perdónanos. Al menos cuando eras Mercurio te esculpía Praxíteles; hoy, pareces un cuadro naïf, aunque sobradamente cruel, pintado por la Chunga.
Ay, quién maneja mi banca, quién, que a la deriva me lleva, quién. La atracción del abismo, el magnetismo del precipicio, que nos lleva a poner todo nuestro empeño en despeñarnos. Fichas que arrastran unas a otras hasta que quede la banca doble y la triple A. Dominó de beneficios ficticios de especuladores sin oficio. Camarero, traiga el cubo, que este rescate me ha salido algo indigesto. Son eslabones de una cadena sin fin, para tirar de ella y hacer desaparecer tanta mierda, que no se puede aprovechar como abono, porque no fertiliza.
Diferenciales, agencias de calificación crediticia, primas de riesgos, rating... Como un banco más, leemos, escuchamos, ponemos cara de circunstancias... y no damos crédito.
domingo, 3 de julio de 2011
La ciudad nueva

Una retirada a tiempo... ¿Y volver? Con la frente sudada, un sol de justicia, que achicharra la piel. Sentir, que cuarenta grados son nada, que febril los termómetros desbordan glorietas, rotondas rotundas. Mercurio que se sale y abandona el asfalto para irse a la costa y alcanzar los atunes. En el pescado llevas la penitencia.
¿La ciudad?
Tres moscas inician una maniobra de descenso hacia una catalina, terrenal, que se ablanda sobre el adoquín al dente; mientras, la celestial se derrite a la espera de mortaja: cuarto y mitad por desidia; y la mitad del cuarto por inoperancia, que es la forma más rancia de quejarse sin hacer nada.
Un par de turistas, deslumbrados, intentan leer el plano, asombrados por la ausencia de sombra. Dónde se ubica el próximo oasis. ¿Quién fue el desaprensivo tour operador que les vendió el paquete "Cálida Andalucía interior: Córdoba, Ronda y Sevilla: un verano como don diablo manda. Descubra el embrujo andaluz y quémese en su hoguera".
A través de los postigos semicerrados, contemplas como la ciudad se despereza de una siesta de décadas; la tdt del vecino emite fotogramas de Lina Morgan y un José Sacristán, como recién salido; mejor, eterno salido, que persigue muslos, antes de descubrir que la pose intelectual viste más y desvistes mejor. Mismos canales para vislumbrar canalillos. Películas que exigen la camiseta de tirantas para mirarlas a calzón raído y/o color albero.
¿La ciudad?
Nuevos mandatarios para viejos problemas. Cambios en el nomenclátor, en el mobiliario, en la movilidad, sensación de rewind, para una cinta que ya esté demasiado pasada de tanto darle al pause.
Nuevos monumentos que se convierten en problemas, biblioteca interruptus, que no se diga que aquí no se cumple la ley, dura lex, ¿verde o ambar? Que a ecologistas no nos gana naide. Mira que querer poner una biblioteca en Sevilla... Mientras, una torre que se enroca, para que caja sol luzca con la camisa nueva, que hay miles de oficinas por ocupar en esta ciudad de los negocios, inmóvil para varios.
El nuevo dignatario que se da un baño de masas de calentitos: viva la grasa y el arte. Viva tu corpus serrano, que te baila en la palma de la mano, seises que se destocan a tu paso.
¿La ciudad?
Dé las gracias.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Las navidades del diluvio

Y la profecía se hizo agua. Una lluvia purificadora que inundaría la ciudad de los buzos. Las bocas del metro, ahítas, expulsaban un kiosco flotante, pero tras el rescate pueden seguir circulando los batiscafos de la línea 1. Por la Alameda corrían pseudointelectuales al grito de sálvese quien pueda, buscando refugio en la calle Barco; pero la pasaban putas, que se guarecían al grito políticamente correcto de las mujeres y las niñas primeras. Cientos de sin techo buscaban un cobijo bajo las setas de la Encarnación, a pesar de la falta de madera que se había desviado para que Noé pudiera construir su arca de la alianza de civilizaciones. El Ayuntamiento se enfrascaba en agrias discusiones, cuando más necesaria era la balsa de aceite, sobre qué notables habían de salvarse. El alcalde, aunque como principal autoridad se ofrecía en sacrificio a Poseidón, estimaba que como médico sería de utilidad en el navío; Torrijos, esponjado por la humedad, mostraba su figura de lobo de mar, pipa en ristre, para hacerse fuerte a babor; Zoido, enseñaba fotos de las grietas del arca, mientras denunciaba los sobrecostes y sospechaba de algún lejano parentesco entre Noé y un conspicuo edil, al que acusa de experto en economía sumergida. El concejal de Vía de Agua, ya diseña la reconversión del canal piragua, próxima inauguración en pruebas por Canalejas; y al responsable de turismo se le hace la boca líquido elemento pensando en los gondoleros con camisas de lunares anudadas al ombligo bogando por la Avenida, más avenida que nunca. Por su parte, el P.A, desde los medios de comunicación, advierte que nadie se adueñe de la playa fluvial, que ellos la vieron primero.
El Consejo dirime qué imagen procesionará en rogativa para que escampe la lluvia torrencial: ¿La Virgen de las Aguas? ¿La del Refugio? ¿La Esperanza Marinera? Una vez desechada, por inoportuna, la propuesta de que saliera el Cristo de la Sed, y afeada, por considerarse de mal gusto, la de que el programa cofrade del próximo año se denomine "Tromba a tromba", sí se creará una comisión que estudie elevar una petición a las autoridades competentes para que se contemple la posibilidad de recuperar algo tan sevillano como el paso por el Puente de Barcas.
El Guadalquivir se sale de madre en busca de los cauces que perdimos; y el Lago de la Pava se adecenta para acoger la Feria Náutica del 2010.
Glup, glup, glup.
jueves, 26 de noviembre de 2009
Jacobino
Ya hizo público el cartel, la definición de las fiestas hecha arte, la expresión en trazos de unos sentimientos. ¡Olé! Un guiño a la contemporanidad desde una efigie aristocrática. La duquesa del pueblo, la amiga de los gitanos, la grandeza de España, la recordwoman de los títulos -y mira que nos gusta un título- "La duquesa que era amada por las instituciones, menos por los del de la cachimba, pero ésos, ya se sabe.., nunca están de acuerdo con nada". Fecha de producción (2009). Lástima que ya no exista Cifesa, ¿o sí? Que aquí cuando se trata de lo que importa, mantenemos nuestras rancias servidumbres. Un cartel que tiene tela del telón, ¿de acero? o de hormigón armado. Arriba farias de la tierra, en pie modélica gestión. Primero la exposición: albricias que el pueblo disfrute del óbolo ducal. Después el monumento: una nueva aportación mundial a la estatuaria pública que nos priva del verdadero arte; a continuación el cartel. Menos mal que, por razones obvias, no podrá dar el pregón. Que Machados no tienen un monumento, no importa; que Cernuda habita en el olvido, con motivos; pero la Duquesa está triste, que no es feliz la duquesa. Pues hagámosle un homenaje a tres (exposición, monumento y cartel). Biblioteca Infanta Elena, Glorieta de Cayetana... Aunque uno pretende de natural ser moderado, hay días en las que el espíritu jacobino le recorre como un hormigueo juvenil. Dejemos lo jacobino para la tapa rancia, que los gourmets convierten en cordon bleu. Y eso suena, dónde va a parar, más aristocrático.
Nota: tomo prestado el cartel de mi buen amigo Rascaviejas y su simpar almanaque.
viernes, 16 de octubre de 2009
Estupefacto

La capacidad de asombro no conoce límites. Algunos se llevan las manos a la cabeza. Esto es inaudito, proclaman. Quizás aquellos que, por ingenuidad o desconocimiento, apuestan por el tópico de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Émulos de Raphael gritan un escándalo desgarrador. Entre gúrteles y mercasevillas, regalos y componendas, "quosque tandem abutere?", y Cicerón se enriquecía con la especulación inmobiliaria. Pero claro, entre bigotes y pipas hay como una pátina de vulgaridad, horterismo que no tiene la grandeza arqueológica; y no es lo mismo. Emisoras, televisiones, diarios, hablan y pregonan; siguen la técnica del embudo, abren grandes bocas en un oh denunciante, mientras que con la boca pequeña amonestan a unos de los suyos. Pajas y vigas, consignas para los convencidos, cada vez menos, esos rostros enmascarados con la sonrisa entusiasmada que agitan una banderita. Cansa tanto...
Al otro lado del charco uno que fue diez, con forma de cero, convida al sesenta y nueve. Un dios parlante siempre se vuelve odioso.
Pero aún hay capacidad de asombro. Cuánto que agradecer a esos informativos, que son capaces de despertar, antes de la predicción del tiempo en este otoño uniforme, de la sonnolencia a un koala narcotizado. Sí, no hay nada como escuchar que una ilustre, tan ilustrativa de unos tiempos pretéritos y presentes como Carmen Martínez Bordiú, ha sido premiada como la "Mujer Menopáusica del año". Sí, como lo leen, hay un premio por eso. Además, con su preclaro verbo señala la justísimamente premiada, "la vida no se acaba con la menopausia". Frase lapidaria, que levanta un olé exclamativo, con la que expresa toda una filosofía de vida. La menopáusica del año, la mayorpáusica del año, qué menos; que igual te baila con gracia sin par, que acude solícita a uno de esos programas para entre páusica y páusica publicitaria engrosar una cuenta por vivir del cuento, porque la vida no se acaba con la menopausia.
Afortunado aquel que aún conserva la capacidad de asombro.
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