
Y se descubrirá la placa, con nombres grabados, para que no se olviden, y se cortará la cinta y se harán las fotos con todas las autoridades sonrientes, rostros plenos de alegría, rostros en la instantánea, rostros.., que rivalizarán por la mejor colocación, aunque ya estén bien colocados. Autoridades resplandecientes, sabedoras de que han cumplido con el compromiso, con un poco de retraso... qué más da. No hay mal que, nunca es tarde si, a la enésima va la vencida, vencidas las voluntades del vecindario. En las puertas se agolparán cientos de ciudadanos, noveleros, que esperan salir los primeros, siempre alguien hará una entrevista, un pequeño paso para un sevillano, un gran paso para la ciudad; personaje para la intrahistoria; las promesas se cumplen. Quién duda ahora de las autoridades, el progreso acaba llegando. Por fin hemos alcanzado el siglo XX, gracias a los caballeros veinticuatro, que nos hacen abandonar el XVII, con la línea 1.
Que la tarifa es la más cara de España, patrañas; que no hay trasbordo, no sea usted borde; que llegó con atraso, no hay acaso; ¿y las otras líneas? Tenemos la 1 y punto. No es por ejercer de Pepito Grillo, pero, ¿no sería fantástico que el día de la inauguración cientos de ciudadanos, ofreciesen una gran pitada a esas autoridades, reclamasen las demás líneas, tarifas más baratas, y estropearan esas fotos? Y después, con serenidad y orgullo, subieran al vagón, usarán el transporte, y demostráramos que no somos súbditos, sino ciudadanos y estamos hartos de que nos tomen por la clá, aplaudidores de una función en la que pagamos y ponemos la cama, aquellos que hacen vicio lo que debe servicio. ¿Para qué exigir? Por fin vamos a dejar de ser cabeza de ratón, para ser cola de león... de león de la metro.





